SANA DOCTRINA - Ministerio de Difusión Bíblica

Acerca de la congregación

 

“Nosotros pertenecemos a una iglesia anticuada que no se atreve a dictar leyes, sino que se contenta con obedecerlas” (Carlos Haddon Spúrgeon)

 

 

Esta congregación tiene por misión, cumplir el mandato evangélico: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”. Tarea que ha sido asumida por un grupo de hermanos en la fe que se reúnen en unidad de espíritu al digno nombre del Señor como IGLESIA CRISTIANA “LA SANA DOCTRINA”.

 

 Su fe es evangélica, no denominacional, y su vocación es “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3. 18) “perseverando en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”  (Hechos 2. 42) atentos a la exhortación Apostólica que dice:Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” (Hebreos 10. 23-25).

Así mismo se reúne con la firme convicción de que ha sido ordenada de acuerdo a lo que LAS ESCRITURAS determinan como principio para una iglesia local. Es decir, creemos que una asamblea para que sea divinamente reconocida como tal, no depende del reconocimiento ni el aval de ninguna iglesia “líder” local, tampoco con la exigencia de comenzar su testimonio como congregación “anexo” de la asamblea institutriz. Menos aún que sea necesaria una cantidad determinada de miembros para ser reconocida como asamblea, sino cumplir con el propósito para el cual han sido apartados divinamente. Dice el Señor Jesucristo respecto a la cantidad mínima de sus miembros apartados que Él reconoce para congregarse en Su Santo nombre: “Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18. 20); y el Apóstol Pedro expresa el propósito para el cual han tenido el privilegio de haber sido apartados: Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2. 9). De manera que, conforme a esas premisas escriturales, por citar dos, es que hemos asumido el compromiso de identificarnos como iglesia del Señor, con el simple nombre de: IGLESIA CRISTIANA.

 

Quien hace esta presentación, ha asumido ante el Señor y los Hermanos que lo han reconocido como un siervo fiel y apto conforme a las demandas de LAS SAGRADAS ESCRITURAS (1 Timoteo 3. 1-7), el compromiso de predicar y pastorearlos en el puro evangelio.

 

 

“Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido” (Salmo 119. 99-100)

 

Mi nombre es Domingo Antonio Fernández, resido en la ciudad de Córdoba, Argentina, desde el año 1.963. Casado y padre de dos hijas. Dedicado a la predicación del evangelio y a la enseñanza de Las Escrituras desde el año 1980. Desempeñé la tarea como anciano durante veinticinco años en forma sucesiva en dos “IGLESIAS CRISTIANAS EVANGÉLICAS” en esta ciudad.

En el año 2.005 me retiro voluntariamente de dichas congregaciones por diferencias fundamentales en la interpretación y predicación de LA PALABRA. Este hecho lamentable, es la consecuencia inexorable que deberemos afrontar todos aquellos que somos consumidos por el celo de guardar y proclamar LA PURA DOCTRINA DEL PADRE, la que se nos ha revelado como doctrina de: LA LIBRE GRACIA SOBERANA.

 

No obstante, nada hay ajeno a nuestro Señor quien toma nuestros desacuerdos para transformarlos en bendiciones; y así fue como nació esta congregación de la cual, en el presente, hay Hermanos que han partido; algunos, para estar en la presencia del Señor y otros llevando su fe a otras congregaciones. Los que permanecemos en este testimonio, seguimos cumpliendo los mandamientos que nuestro Señor nos encomendó como lo hace a todos sus escogidos: hacer memoria de Él todas la veces que nos reunimos en SU NOMBRE y llevar adelante la obra MISIONERA de predicar el evangelio a toda criatura; es decir, predicar el VERDADERO EVANGELIO, el que anuncia acerca del amor inmerecido de Dios, y la salvación por medio del arrepentimiento de pecado y la fe en Jesucristo como único y suficiente salvador. Fe que nos es dada de lo alto mediante Su Poder Soberano conforme al deseo de Su buena voluntad, sin obras ni méritos que podamos aportar: (Efesios 2. 8-10).

 

Sabemos que no somos los únicos en el mundo que tenemos este celo por la PURA DOCTRINA. Personalmente puedo comprobarlo basándome en dos experiencias: la primera; doctrinal, donde LA PALABRA dice que el Señor, de acuerdo a Sus planes y Su tiempo, todavía no ha terminado de reunir a Sus santos que están esparcidos por los cuatro vientos apartándolos, como piedras vivas, para ser parte de SU PUEBLO, SU IGLESIA; obra que, cuando Él la haya concluido, será arrebatada en las nubes para recibir al Señor en el Aire. La segunda experiencia, es práctica; continuamente recibimos mensajes de distintos lugares del mundo en los que, por un lado nos escriben personas disconformes con las “doctrinas” que reciben, pidiendo orientación espiritual para poder entender lo que verdaderamente es LA SANA DOCTRINA; y por otro lado, recibiendo el aliento de Hermanos que nos han manifestado su mismo sentir.

 

El problema es que en estos últimos tiempos han proliferado tantas “interpretaciones” que no sólo han logrado como resultado una variedad de “falsas doctrinas” o dogmas que, más que ganar almas las confunden haciendo que se pierdan para toda la eternidad; sino que también trastornan, aun a aquellas que sinceramente quieren llegar al Padre buscando alcanzar la salvación. Este mal, está tan arraigado en el seno de la ciega soberbia de muchos hombres que además de producir divisiones y vanas contiendas; también apartan del camino de la verdad a muchos que dicen ser creyentes. Esta perversión, se ha difundido de tal manera que ha dado lugar a la proliferación de una gran cantidad de “religiones” autodenominadas “cristianas”, entre las que se incluye a muchas denominaciones que se dicen “evangélicas”. Por lo cual, es evidente que ante esta realidad que es carnal y mundana, demuestran un claro menoscabo a la Persona y la obra del Señor Jesucristo quien, antes de entregar Su vida por Su Única Iglesia, oró al Padre diciendo: “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17. 11).

 

Todo aquel que quiera apartarse del religiosismo y seguir las pisadas del Señor, su objetivo primordial deberá ser: saber discernir la diferencia que existe entre lo que es DOCTRINA (Enseñanza que se da para instrucción de alguien) y lo que es DOGMA (Principio o conjunto de reglas establecidas por una autoridad como verdad incuestionable); ya sea que provengan de las llamadas iglesias tradicionales como de las reformadas. La elección de entre estas dos opciones, de la cual todo hombre es responsable para salvación o perdición es escoger entre: ¡CRISTIANISMO O RELIGIÓN!

 

LAS ESCRITURAS, que son nuestra única autoridad de fe, hacen una diferencia muy clara entre la DOCTRINA DEL PADRE y LOS DOGMAS RELIGIOSOS. La primera es el fundamento firme del que se alimentan los genuinos creyentes: Cristo. Mientras que los “dogmas” son pesadas cargas que les imponen las distintas “religiones” a los creyentes nominales que ignoran LAS ESCRITURAS, malgastando sus vidas en liturgias, reuniones sin Cristo y ritos estériles.

 

NO SE PUEDE NI DEBE DOGMATIZAR LO QUE NO ES DOCTRINA. Dijo el Señor en una oportunidad a los religiosos de su época: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.” (Lucas 16. 15). Por lo cual, nuestro propósito apunta al mismo objetivo del Apóstol Pablo cuando dijo en santa inspiración: Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno, sino, como está escrito: Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de él, verán; Y los que nunca han oído de él, entenderán. (Romanos. 15. 20-21).

 

De manera que, además de congregarnos en un mismo espíritu, realizamos la tarea misionera de difundir LA SANA DOCTRINA, por medio de estudios bíblicos a través de internet con la página Web: “www.sanadoctrina.org” o “www.SANA DOCTRINA”.

 

 

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