SANA DOCTRINA - Ministerio de Difusión Bíblica
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Confesión

 

 

N

o soy escritor ni pretendo serlo; más aún, tengo la convicción de que el Señor me ha bendecido otorgándome otros dones para servirle. Se preguntarán entonces: ¿Por qué escribo?

En primer lugar, debo confesar que un impulso incontrolable me lleva a hacerlo. Me sorprendo cuando pienso en las horas que paso cautivado en la meditación de la Palabra de Dios; y mucho más, cuando esto me lleva a escribir algunas reflexiones. En este caso, el Señor me animó a dejar plasmada una meditación de cada uno de los sesenta y seis libros de la Biblia; y lo hice, aun cuando sé que puedo recibir muchas y merecidas críticas; por ejemplo, a mi composición literaria, mi gramática, o simplemente a algo tan elemental como es la ortografía. Pero vuelvo a decir; no soy escritor. Así que ruego al que lea estos pensamientos, que no tenga en cuenta todas esas falencias sino que trate de comprenderme: quisiera que considere solamente el espíritu de las notas; y deseo de todo corazón, que cada una de ellas conserve la fuerza y el poder de convicción que recibí de parte del Espíritu.

En segundo lugar, estos escritos no son nada más que el resultado de la inmensa gratitud y devoción que siento hacia mi Señor. He pasado veinte años apartado de Él, perdí los mejores años de mi vida andando a tientas por este mundo, mordí el polvo de la derrota y fui un hombre inútil para sus propósitos. No comprendía que Él había trazado un plan para mi vida y que en ese proyecto habría de manifestarme todo su amor. Fui rebelde, y me resistí de la misma manera que lo hacemos todos y cada uno. Pero quiero decir que su amor me ganó, y cuando volví fue con todo mí ser, sin mezquindades ni retaceos. Recién entonces comprendí las maravillas de su gracia; y fue así, como un día le dije: “Padre he pecado contra el cielo y contra ti, y ya  no soy digno de ser llamado tu hijo...”.

Ahora reconozco que lo más maravilloso de toda esta experiencia, es que fui recibido a misericordia. Es decir, Dios me perdonó, ¡¡Sí, me perdonó!! Y no sólo eso, me dio otra oportunidad; pues, el Espíritu lo confirma en mi corazón.

Hoy, cuando empiezo a ver el atardecer de mi vida y el sol de mis años empieza a declinar, noto como el tiempo se acorta rápidamente. La vida es breve, muy breve, “Ciertamente es como neblina que aparece y desaparece en un instante. Es por eso que deseo ante esta verdad inexorable; que cada uno de los que lean estas líneas, tome conciencia y decida rápidamente que va a hacer de su vida antes de que pase a la eternidad.

Por último, otro motivo más que me ha llevado a dejar estos pensamientos es el deseo de que todos conozcan acerca de las virtudes de aquel que me llamó de las tinieblas a su luz admirable.

 

Todas estas circunstancias son las que me impulsaron a escribir “MEDITACIONES”; pues tengo la esperanza y el ferviente anhelo de que quizás alguien que lea estas reflexiones pueda ser tocado en su corazón; de manera tal que, rendido a la obra del Espíritu, reciba a Cristo como su salvador personal.

Si esto sucediera y yo no llegara a enterarme, o no estar más en este mundo para gozarnos juntamente; les digo: búsquenme en el cielo donde seguro me encontrarán.

 

“¡Hay de mí si no anunciare el evangelio!”  Esta es la misión más hermosa que me ha sido encomendado. Luego, toda la obra para la salvación de vuestras almas, es tarea de mi bendito Señor y Salvador. Amén.                           

 

 

DOMINGO ANTONIO FERNÁNDEZ

 

NOTA: Ahora te invito a entrar a las páginas Antiguo Testamento y Nuevo Testamento.

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